Para pensar

Vivir mendigando, a oscuras durante toda la vida. Ese era el único modo de vivir de este hombre, ciego de nacimiento. Hay que multiplicar esa desgracia si se tiene en cuenta que en la época en que este hombre vivió muchos creían que su condición se debía al pecado de él o al de sus padres.

Precisamente, los discípulos de Jesús habían iniciado conversación preguntándole al maestro si el hombre estaba ciego porque él había pecado o si los que habían pecado eran sus padres. Jesús, entonces, entró a aclarar todo.

Ni él ni sus padres, esto será para que se vean las obras de Dios. Dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo, tal como lo hizo cuando creó al hombre, untó en los ojos del hombre, y lo envió al estanque Siloé a que allí se lavará y regresó viendo.

Ahí no terminaron las obras de Dios ese feliz día, apareció más que la luz física en sus ojos; un río de comprensión fluyó en su vida.

Siempre había sufrido desagrado, lástima o desprecio de los que le rodeaban. Pero ahora, sentía el rechazo de otra manera, ¿Quién te sano? ¿Por qué te sanaron en un día de reposo, si el día de reposo no se trabaja? preguntaban ásperamente, hacían indagatoria una y otra vez. Los padres de este hombre no soportaban la presión y ante las preguntas desviaban la atención para que su hijo fuera el que diera las explicaciones.

Y dio las explicaciones con lucidez, empezó siendo enfático en su identidad: yo soy el que antes mendigaba. tenía mal aspecto, vestía de harapos hablaba mal y olía mal pero ahora estoy limpio, huelo bien, hablo bien.

En cada indagatoria iba creciendo la comprensión del hombre y el fastidio de los que estaban preguntando. Un tal Jesús me sanó, fue lo que dijo la primera vez; en una segunda indagatoria respondió que el que le sanó era un profeta; pero a la tercera vez que le interrogaron, ellos ya sentían que estaban frente a un discípulo de Jesús que les estaba explicando. Efectivamente, estos maestros ahora conocían menos de Dios que este hombre.

Expulsaron a este hombre de la comunidad.

Y entonces Jesús acude a completar su obra y le dice <<¿Tú crees en el Hijo del hombre?>> Él respondió << ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?>> Jesús le dijo: <<Le has visto; el que está hablando contigo, ése es>> El hombre se postró delante de Jesús y adoró delante de todos. Jesús aclaró que el hombre que había sido ciego ahora veía y los que veían se habían vuelto ciegos.

¿Hay alguna situación difícil en tu vida que parece que no puedes tolerar? Dios puede y quiere mostrar sus obras en tu vida, que le conozcas, que le adores.

Para leer

Te invitamos a leer los siguientes pasajes bíblicos. Dios ilumine los ojos de nuestro entendimiento:

Juan 9

Salmo 119:135

Santiago 1:17

Juan 1: 9-18

1 Corintios 1:28

Mateo 4:16-18

En las próximas entregas

Estamos estudiando en esta serie titulada Toda una vida, biografías de personas como nosotros que han reaccionado positivamente ante la luz de Jesús, la próxima será la última entrega.

Para terminar

Jesús nos ha buscado, no nos señala acusándonos, nos comprende y conoce. Permitamos, como este hombre, que un río de comprensión fluya por nuestro ser de modo que ya no hablemos de un tal Jesús, o un profeta, sino del Dios todopoderoso que nos creó, a quien conocemos, con quien hablamos, a quién adoramos.

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