Para pensar

Recordemos hoy a Simeón y a Ana. Encontramos escritas sus vidas en media página del evangelio de Jesucristo según Lucas. Pero vaya si valieron esas vidas tan largas, así fuera para ese solo día, y esa sola media página.

Ana hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Los apellidos son un invento más bien moderno; Juan, Tomás, Nicodemo eran suficiente para la época. Pero Ana tenía nombre y apellido. Su nombre era el reconocimiento a una vida de servicio.

Ana quedó viuda muy joven, pero supo qué hacer desde entonces; servía a Dios ayunando y orando en el templo. La comunión con Dios, esa relación personal con el Señor le condujo a convertirse en profetisa. Dios hacía valer sus palabras en su boca.

Simeón, por su parte, era reconocido como hombre justo, piadoso y con el Espíritu Santo sobre él.

Lucas insiste en ese hecho: primero dice que Simeón esperaba la consolación de Israel; luego nos escribe que el Espíritu Santo estaba sobre él; después nos cuenta que el Espíritu le había revelado que no vería la muerte hasta que viera al Cristo del Señor; y finalmente, nos narra cuando fue impulsado por el Espíritu Santo a ir al templo y tomar en sus brazos al bebé de nombre Jesús, traído por María y José para presentarle en el templo.

Es curioso, nunca habían visto a Jesús pero sus vidas transcurrieron en torno a él. Y ese día sus palabras fueron una poesía de bienvenida al Salvador y, a la vez, una despedida.

Ana daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Israel.

Simeón, con el niño en sus brazos, dijo: <<Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.>>

Todos estaban admirados de lo acontecido en el templo. Y aunque no tenemos una sola nota más acerca de Ana o Simeón, su enseñanza sigue teniendo eco: vivir para Jesús nos transforma en mejores personas, y nos conduce por una vida plena en la que la esperanza nunca queda en vergüenza.

Para leer

Te animamos a leer los siguientes pasajes bíblicos, que profundices este estudio bíblico.

Lucas 2 22-35

Números 18:15

Romanos 5:1-8

Salmo 119:77-77

Salmo 118

Apocalipsis 5:8

En las próximas entregas

Hemos estado estudiando la serie toda una vida. Toda una vida al servicio del altísimo, en amor, esperanza, justicia; en poder, en amistad con Dios. La siguiente será la cuarta entrega de la serie.

Para terminar

Sea que tengamos ochenta y cuatro años, cuarenta y cinco, o doce; si vivimos para Cristo, la comunión con él hace brillar en nuestra vida la justicia, la piedad. El poder de Dios se refleja en nuestros actos. Vivamos para él.

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