Para pensar

Hay libros, como Job, Proverbios, Eclesiastés; que en la biblia se clasifican como sapienciales, es decir, son libros de sabiduría. Hoy vamos a pensar un poco en una declaración, producto de esa sabiduría, que se lee en el libro de Job.

Un hombre rico, con unos hijos grandes, hermosos y sanos; lo había perdido todo, sus hijos, sus posesiones y su salud;  una llaga se extendía por toda su piel.

Cuatro amigos de Job acudieron al saber las malas noticias  y se dispusieron a hacer lo poco que podían. Buscaban explicaciones a la desgracia, posibles soluciones. A veces multiplicaban la molestia.

Entre tantas palabras que se dijeron hubo unas que salieron desde lo profundo del ser  de Job, y que tenían la inspiración de Dios, todos escucharon:

Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo;

Y después de deshecha esta mi piel,
En mi carne he de ver a Dios;
Al cual veré por mí mismo,
Y mis ojos lo verán, y no otro,
Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.

La palabra redentor, como la usaban en aquella tierra y en ese tiempo, era un término jurídico que correspondía a dos situaciones. La primera, cuando había ocurrido un homicidio accidental, el redentor era el familiar autorizado por ley para hacer justicia. La segunda, cuando se había perdido la tierra o que se habían vendido por esclavos, el redentor era el pariente autorizado para hacer el rescate de quien había sufrido la pérdida.

Job había perdido sus bienes, sus hijos, y como persona estaba tan mal que su mujer le recomendaba el suicidio. Necesitaba redentor en todo sentido.

La confianza de Job fue recompensada con creces, Dios le restauró. Su familia fue restablecida, sus bienes fueron multiplicados, su salud fue restablecida  y sobre todo, pudo superar su prueba y conocer mucho más a Dios.

Dios permitió que la prueba de Job no solo lo beneficiara a él.  Todos nosotros necesitamos un redentor. Estando esclavos del pecado y no había nada de lo que tuviéramos  o lográramos que le diera verdadero sentido a nuestra existencia.

Cristo nos redimió, se hizo nuestro pariente cercano y pagó un precio muy alto por nosotros. La muerte se pagaba con la muerte según las leyes de la redención. Por eso él  pagó con su sangre y recuperó para nosotros la herencia que habíamos perdido delante de Dios.

¿Ya has hecho efectiva en tu vida la redención que Jesús hizo por ti? En el pasado publicaban papeles donde se daba libertad a los esclavos, pero como los esclavos no sabían leer, no hacían valer su derecho. Qué no te pase a ti.

 

Para leer

Conoce  la verdad y la verdad te hará libre. Lee la Biblia, entérate tú mismo:

 

Job 19 25-27

Gálatas 3:13

Números 35 19-34

Colosenses 2:14-15

Romanos 3: 21-26

Salmo 49 6-10

 

En las próximas entregas

Estamos estudiando invitaciones de la sabiduría. La sabiduría de Dios da vida, hace vibrar las fibras más profundas del ser.  Escribimos con la confianza que Dios bendice a través de este medio.

 

Para terminar

Los mapas del mundo muestran la pobreza de la mano con la falta de educación.  Para tu conocimiento, Cristo, es poder y sabiduría de Dios, tu pariente cercano que te redimió para que tengas vida eterna y seas rico para con Dios.

 

Valoraciones

No hay valoraciones aún.

Sé el primero en valorar “108 Yo sé que mi redentor vive”

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *