Para pensar

Seguir instrucciones puede ser más complejo de lo que parece. Siempre hay una caída en la primera clase de patinaje; siempre hay una caída mientras se aprende a montar en bicicleta. No basta con que el instructor dé la indicación, es necesario escucharla, ejecutarla, interiorizarla.

Al principio hay una distancia entre oir y hacer. Una cosa es lo que se nos dice que debemos hacer y otra es la que hacemos. Con el tiempo y la práctica, con mucha práctica, aprendemos. Aprender es,entonces, más que escuchar la instrucción, es seguirla, es hacerla propia. ¿Cuántas veces no sufrimos dolor por no recibir el consejo?

El sabio escritor aconseja: Oye la instrucción de tu padre; oye las razones; oye y sé sabio; oye a quien te engendró; recibe el consejo de tu padre; escucha y recibe la corrección; escucha los consejos de la vida; el que escucha tiene entendimiento. Cada una de estas ideas lleva implícita la idea de oír, recibir, escuchar, y por supuesto, hacer.

No es sabio quien sabe mucho, es sabio quien escucha el consejo y lo pone en práctica, quien escucha la instrucción y la hace. Escuchar y no hacer es vacío, hueco, inútil. Tal le pasó a Israel quien escuchó claramente: Oye Israel, Jehová, nuestro Dios Jehová uno es; y amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.

El tiempo pasó y el pueblo construyó altares y dio su corazón a los dioses de otros pueblos. Su corazón se apartó de Dios y se fue tras lo ídolos paganos. El mandamiento de amar a Dios no se hizo realidad, aunque todos los días se repitieran: Jehová uno es. Pueblo torpe que escuchó y no hizo.

Efectivamente, pareciera que tener oídos no siempre significa oír. Lo mismo le pasó a Jesús, quienes estaban a su alrededor no le oían realmente, no estaban interesados en hacer realidad la palabra de vida que escuchaban. En varias ocasiones en maestro dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.

Es una lástima que el dolor tenga que ser un camino para seguir la instrucción. En muchos casos la caída, el golpe, nos recuerdan que en algún momento habíamos escuchado la instrucción y que la habíamos dejado pasar. Si este es tu caso, aún hay tiempo para seguir el consejo de proverbista: oye y sé sabio. Aún hay tiempo para oír a Jesús: El que tiene oídos para oír, oiga.

Para leer

Te invitamos a oír la palabra de Dios. Oírla implica hacer realidad en tu vida, en tus actos, en tus palabras, en tus pensamientos.

Proverbios 1:8

Proverbios 4:10

Proverbios 23:19

Mateo 11:15

Mateo 13:15

Apocalipsis 3:6

En las próximas entregas

Seguimos desarrollando la serie Invitaciones de la Sabiduría. En esta oportunidad la invitación está en oír, oír y hacer. Te invitamos a leer y estudiar nuestro próximo número.

Para terminar

Todos de niños dejamos pasar una instrucción y hoy es una anécdota que nos hace reír, pero en su momento nos hizo llorar. El proverbista nos invita a oír el consejo, y hacerlo realidad en nuestra vida. Jesús nos invita a oír y a actuar. Vivir la vida cristiana como a Dios le agrada está en escuchar su voz y seguir lo que él nos dice, con él nada puede salir mal. ¿Oyes la voz de Dios? ¿La obedeces? Aún estás a tiempo.

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