Poner el amor

Poner los ojos o poner las manos son frases coloquiales que utilizaban las abuelas para referirse a algo diferente de lo que se dice. Por ejemplo: “Le puso el ojo a la muchacha” se puede entender como: “la miró y le gustó” o “la miró y se sintió atraído” Pero en el caso de “Le puso la mano”, el significado es un poco más agresivo, más violento: “le pegó”.

Poner el amor es una frase tan profunda que las palabras parecen escasear cuando de describir su significado se trata. Poner los ojos es algo físico, se puede ver, pero poner el amor es abstracto, no se puede tocar. 

Sin duda, cuando se usa la frase “puso el amor” sólo puede tener cabida en el contexto de los enamorados, las flores, los chocolates, los detalles, los piropos, los cumplidos. Poner el amor pareciera ser más que simplemente amar: es amar y demostrar. 

Puso el amor tiene cabida en la poesía. No se anda por la calle diciéndole a todo el mundo en lenguaje coloquial y vacío “pongo mi amor en ti”, o “él puso su amor en ella”. Poner el amor es musical:

Como las suaves manos del pianista que se ponen sobre el piano y de él sacan las mejores melodías, pongo en ti mi amor para sentir lo profundo de la vida.

No es superficial el hecho que el gran poeta haya utilizado la figura de poner el amor en su poema. El Salmo 91 enlaza perfectamente la frase. 

El poeta le da la palabra al maravilloso ser que ha descrito en los primeros dos versículos del Salmo, al Altísimo, al Omnipotente, al Yo Soy, y éste, como haciendo la voz principal y terminando la canción declara: “por cuanto en mí ha puesto su amor”.  

Poner el amor en Él, en Dios. Ahí está en punto. 

El amor y la fe son dos elementos fundamentales requeridos e indispensables para tener una relación directa y profunda con el Creador de universo. Creer en Él y amarlo. 

Jesús mismo, mientras enseñaba resumió toda la ley, toda la Biblia, en un solo principio: “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”. En las palabras del Maestro, poner el amor es amar con todo. 

En un mundo tan convulsionado como en el que vivimos, poner el amor en Dios se convierte en una tarea titánica. El ser humano es más dado a poner su amor en el dinero, en los ideales, en los proyectos, en las personas. El día en que el ser humano ponga su amor en el Ser que le dio la vida, ese día podrá disfrutar de la felicidad sin límites. 

El Salmo 91 termina con la descripción perfecta del resultado de poner el amor en Dios. Él mismo, Dios, en primera persona dice: 

“Dado que en mí ha puesto su amor,
Yo lo libraré.
Me invocará y yo le responderé.
Con él estaré yo en la angustia.
Lo glorificaré.
Le daré larga vida.
Le mostraré mi salvación”.


John Anzola.