Jehová es mi pastor. ¿Eres la oveja del Señor?

Sería David un niño cuando comenzó a acompañar a sus hermanos a pastorear las ovejas de su padre. Isaí era ya un anciano, con 8 hijos y una hija y, con el paso del tiempo, marcado en sus manos y en su rostro era considerado uno de los ancianos de la ciudad. El sustento de la casa venía de las ovejas, su lana era lo más cotizado. Ése era el negocio familiar. 

La tarea del pastoreo, seguramente, había pasado de generación en generación. Históricamente los patriarcas se habían dedicado al mismo negocio: Abraham e Isaac habían sido pastores de grandes rebaños. 

De niño, David aprendió su oficio a la perfección. Conocía a las ovejas, conocía los campos especiales para el pastoreo, conocía las fuentes de agua para calmar su sed, conocía los peligros de la noche, conocía los parajes llenos de osos y leones, conocía su oficio. 

De igual manera, conocía la práctica constante de la trashumancia pues, dado que en Israel había estaciones y que a las ovejas se les debía dar siempre pastos verdes y nuevos, era necesario recorrer con ellas grandes porciones de tierra en busca de nuevo alimento. El pastoreo pocas veces fue nómada. 

Grandes cantidades de ovejas acompañadas de sus pastores inician cada cuatro meses el periplo en busca de verdes pastos. El pastor se prepara de antemano, las ovejas están listas y comienza el recorrido. Será un largo viaje fuera de casa, sólo al cuidado de las ovejas. Allí, durante el viaje, es que la vida del pastor se convierte en el cuidado de las ovejas a su cargo. 

Los mejores caminos son escogidos por el pastor para desarrollar el viaje, los mejores pastos verdes son seleccionados por el pastor para que el rebaño se alimente y para que descanse. El rebaño no comerá pastos quedamos, tampoco se alimentará de hierba vieja. Las fuentes de agua son cuidadosamente seleccionadas, las ovejas no beberán de aguas turbias. 

El viaje inicia. Lo que en principio son unas pocas ovejas, se convierte en un largo manto de lana blanca que sigue a su pastor. Alrededor de ellas otros pastores acompañan el trabajo con la ayuda de perros guardianes. 

El recorrido se toma cuatro meses. El viaje consiste en salir del invierno y dirigirse hacia un lugar que se encuentre en verano, donde los pastos no estén quemados por el frío intenso, ni por el calor abrasador. 

Múltiples dificultades debe enfrentar el pastor en su viaje. La enfermedad de alguna oveja, el nacimiento de un cordero, la amenaza de un lobo, de un oso o de un león, el frío de la noche, la alimentación del pastor, su descanso a la intemperie, las largas caminatas. 

Cuatro meses después de toda la odisea, el pastor regresa a casa. Su objetivo es llegar con todas sus ovejas, aún con las que vieron la vida durante el viaje. Su recompensa estará en la llegada, no en su salida. 

David conocía muy bien este trabajo. Desde que era muy joven se distinguió por su fortaleza, valentía y cuidado con el rebaño, para después llevarlo a los mejores pastos y así protegerlo de cualquier amenaza. 

Cuando un oso atacaba a alguna oveja, con la rapidez del águila David corría tras él, lo hería y liberaba a su oveja de las garras del animal. En caso de que el animal no huyera, sino que se hiciera frente al pastor, David lo tomaba y lo mataba. Hasta su vida ponía en peligro con tal que su rebaño estuviera seguro. 

Seguramente en uno de esos viajes, después de haber liberado de las garras de un león a una indefensa oveja, y después de ver la mirada agradecida del animal por la liberación, David pensó en su relación con Dios, y en cómo graficarla de la mejor manera. La conclusión fue clara: Jehová es mi pastor. 

Acompañado de su arpa, compuso uno de los poemas más conocidos, más profundos y más hermosos de todos los Salmos. Sus imágenes vivas, así como las descripciones exactas, hacen que el lector abra una ventana y pueda observar lo que es en realidad un pastor, el buen pastor. 

El Salmo está estructurado en cuatro partes. La primera y la cuarta parecieran discursos dirigidos a un auditorio que escucha atentamente la metáfora del pastor. La segunda y la tercera parte parecieran una conversación con el pastor mismo. 

De igual manera, pareciera que el poema está estructurado para cantarlo a dos voces, o por lo menos en la traducción al español se nos brinda esa idea, de manera responsiva. 

El poeta canta, el pueblo responde:

Poeta: – Jehová es mi pastor.
Pueblo: - Nada me faltará. 
Poeta: - En delicados pastos. 
Pueblo: - me hará descansar. 
Poeta: - Junto a aguas de reposo. 
Pueblo: -. Me pastoreará. 
Poeta: confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. 
Poeta: - aunque ande en valle de sombras de muerte. 
Pueblo: - No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo. 
Poeta: - Tu vara y tu callado. 
Pueblo: - me infundirán aliento. 
Poeta: - aderezas mesas delante de mí. 
Pueblo: - en presencia de mis angustiadores. 
Poeta: -  unges mi cabeza con aceite. 
Pueblo: - mi copa está rebosando.

En la conclusión todos se unen a una voz y dicen: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida. En la casa de Jehová moraré por largos días”. 

El tema del Salmo es la confianza en Dios. David usó una imagen muy conocida por sus lectores, quienes conocían el pastoreo de ovejas. El salmo es una descripción perfecta de quién es Jehová: 

Jehová es quien da sin medida, 
Jehová es quien da descanso.
Jehová es quien brinda agua al sediento.
Jehová es quien conforta el alma.

Jehová es guía, 
Jehová es cuidador, 
Jehová es compañía
Jehová es ánimo.  

Jehová es quién sirve la mesa. 
Jehová es quien unge. 
Jehová es quien llena. 
Jehová es mi pastor. 

Entonces: Yo estaré con Jehová. 

A largo de los años, el Salmo 23 se ha convertido en un salmo insignia para el pueblo cristiano y no cristiano. Desde niños aprendemos el Salmo 23. Lo repetimos a diario. Para muchos se ha convertido en una oración. El Salmo muestra al pastor, describe a nuestro Dios. Pero, ¿qué dice de nosotros? 

El mensaje del Salmo acerca de Dios es latente: Jehová es mi pastor. El mensaje para nosotros es: Somos las ovejas del Señor. 

Jehová no será nuestro pastor hasta que nosotros no lo reconozcamos como tal, hasta que nosotros no nos identifiquemos como sus ovejas. El punto central, entonces, no está solamente en que Jehová sea el pastor, está en que nosotros seamos sus ovejas. 

De nada serviría que el pastor seleccionara los mejores pastos y las mejores fuentes de agua si las ovejas se fueran tras la voz de otro pastor, y bajo la dirección del desconocido. De nada serviría que el pastor fuera compañía y guía si la oveja saliera corriendo eligiendo ella misma su camino. Jehová es mi pastor, yo soy la oveja del Señor. 

El Salmo se convierte no sólo es una descripción de nuestro Dio, sino en una descripción de nuestro papel como ovejas. 

Hoy nuestro Dios sigue siendo el pastor, ¿Somos sus ovejas? ¿Reconocemos a Dios como el pastor de nuestra vida? 

La maravillosa imagen del pastor fue utilizada por el Señor Jesucristo durante sus enseñanzas. Él mismo dijo: Yo soy el buen pastor, conozco mis ovejas y ellas me conocen. Como buen pastor, mi vida doy por mis ovejas. 

El Salmo 23 nos recuerda con claridad quién es Dios, también nos invita a confiar plenamente en Él. El Salmo 23 nos motiva a ser sus ovejas. ¿Somos las ovejas de Dios? ¿Oímos su voz? ¿Seguimos al pastor? ¿Somos parte de su manada?