E Lecciones 68

Esta es la historia de una comunidad que se sentía bien, todos parecían tener buenas costumbres, discutían de temas importantes, se reunían a menudo, y tenían entre ellos muy buena reputación.

La cotidianidad y una que otra idea fuera novedosa o añeja,  fueron transformando el grupo de tal modo que  un día llegó una carta de alguien a quien querían y respetaban como a un padre  que los dejó perplejos.

¿Cómo pudo pasar?  Como ocurre con aquellos matrimonios en los que todo parece estar bien hasta el día que se descubre que todo está mal. Ocurrió que los Gálatas habían deteriorado su comprensión de Dios, y Pablo se los estaba haciendo ver. Les mostraba entre otras cosas, dos cuadros:

Veamos el primero de los cuadros

Resulta fácil reconocer por donde quiera,  incluso.  parece más bien un espejo y se siente la urgencia de buscar una solución.

Pablo pronuncia una orden: Andad en el Espíritu y enseguida muestra otro cuadro para que recordaran su situación anterior.

Sentémonos con un Gálata y analicemos este cuadro que muestra las diferentes partes de un único paquete valioso que hay que recuperar.

Empecemos por el amor.   El amor  no sale de la nada,  tiene una razón, una   fuente;   y  en el cuadro  que nos describe  Pablo  es claro  que el Espíritu de Dios, que  recibimos por oír  a  Dios con fe.  Es esa fuente.

El Espíritu de Dios nos restaura y sana,  nos pone primero en comunión y amor con Dios.  Lo demás después fluye. Conozco y soy de los múltiples casos de personas que después de recibir la restauración de Dios  reconstruyen su vida con todo lo demás.  

Dios no admite nada de lo que hay en el primer cuadro,  el amor no consiste de admitir la sinvergüencería sino en establecer un puente para la reconciliación y el cambio. Seamos pues llenos de su Espíritu vivamos y proclamemos la reconciliación con Dios.

Hay la oportunidad de preguntarle directamente a Dios, el inspirador de estos pasajes, y de poner todo el  entendimiento en su lectura

Esta serie que iniciamos hoy se titula El Fruto y en ella haremos un recorrido por  diversas componentes del fruto del Espíritu Santo en la vida.

Derramemos  nuestra vida en reconocimiento a Dios, que no renunció a un caso perdido como el de quienes habíamos fallado, dispuso todo para que pudiéramos ser reconciliados. Seamos llenos de su Espíritu Santo para así mantenernos en su amor y que nuestra familia, compañeros de trabajo, el país entero, se enteren que se puede dibujar un cuadro más hermoso de la vida.

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