E Lecciones 67

Esta es la historia de una mujer que sorprendió a Jesús. Era madre. Su hija estaba enferma. Un demonio la atormentaba, y seguramente ella había hecho todo lo que que estaba en sus manos para que su hija fuera sana, para que volviera a sonreír como sonríen los niños cuando no están enfermos. Pero todo había sido inútil.

Las noticias que llegaban de lejanas tierras decían que un carpintero de Nazareth tenía poder del cielo. Algunos decían que era un profeta, otros que era el Mesías prometido en las escrituras judías. Ella no entendía muy bien todo eso, pero cuando escuchó que él tenía poder para sanar y liberar, una luz alumbró su alma.

La madre desesperada vino y se postró a los pies de Jesús que había llegado a su tierra. Las lágrimas llenaban sus ojos, y su expresión acompañaba sus palabras de ruego: !Señor, socórreme! Pero su aspecto la delataba. Era una mujer griega. Su fe había estado fundada en los dioses griegos y en la cultura pagana, y estaba lejos de los pactos del verdadero Dios.

Jesús la miró. Con un tono dulce pero cortante le dijo no: no está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Era un no rotundo. El trabajo de Jesús estaba dedicado a los judíos, al pueblo de los afectos de Dios. Los griegos siempre habían puesto su confianza en múltiples dioses, como los perrillos que comen de todo pero no se satisfacen.

Pero la conversación no había terminado. Después de un no, hay salida. La mujer sorprendió a Jesús con su fe en él, y lo expresó en unas palabras que han retumbado en el tiempo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Dejando todo atrás, sus creencias, su educación, su historia, sus dioses, esta mujer renuncia a todo, hasta a su dignidad, para manifestar su confianza plena en Jesucristo. La respuesta de Jesús no se hizo esperar: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Su hija fue sana.

La fe de esta mujer ha pasado a la historia. Hoy la recordamos como una mujer que sorprendió a Jesús porque su confianza en él fue absoluta. ¿Confías en Dios con todo tu corazón? ¿Has dejado a un lado tus creencias, tus logros, lo que eres, por confían en él?

Te invitamos a estudiar cada día la Palabra de Dios. En ella encontrarás vida. La palabra de Dios es como agua al sediento, como guía al perdido, como alimento al hambriento.

Estamos muy contentos por haber llegado al final de la serie: Piedras Preciosas. Ha sido una bendición aprender de mujeres que sirvieron a Dios, que escucharon sus palabras, que confiaron en sus promesas. Su testimonio nos mueve. No te pierdas nuestra próxima serie:

La fe de la mujer sirofenicia nos da una lección de vida. Es necesario dejar a un lado quienes somos para que nuestra confianza pueda estar solo en Jesucristo. Negarnos a nosotros mismos, es reconocer que él es quien tiene el control. ¿Crees en Jesús? ¿Has dejado a un lado todo para darle a él el primer lugar en tu vida? Aún hay posibilidad de sorprender al maestro.

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