E Lecciones 63

La identidad nunca se pierde aún cuando se viva como esclavo y se esté cautivo en un país extraño. Esta lección la había aprendido muy bien la muchacha que un día dejó de ver a sus padres, sus hermanos, y su comunidad, y tuvo que ir a trabajar como esclava. Su niñez terminó cuando unos hombres armados llegaron a su casa, y por la violencia, la llevaron cautiva.

Siria, era su nueva casa, pero ella siempre sería israelita. La enseñanzas de su madre perduraban a pesar de la distancia. El amor al Dios único, Jehová, y el reconocimiento del profeta le permitieron pasar a la historia como la muchacha que ayudó a salvar la vida del general del ejército que un día salvó a Siria.

Naamán era un general del ejército a quien el rey amaba mucho porque por medio de su mano Dios había salvado a Siria. Era valeroso, pero leproso.Su piel, con el paso del tiempo, se había convertido en una sola llaga que hedía. No eran suficiente bálsamos, tratamientos, o baños. Un fin inminente se acercaba.

En casa de Naamán, una israelita ayudaba con los oficios domésticos. No era parte de la familia. Era una esclava. Era una extranjera. Pero la extranjera que conocía el poder de su Dios, abrió una puerta de esperanza que con el tiempo transformó la vida de Naamán y su familia.

A simple vista sus palabras pudieron ser un comentario suelto: «¡Si mi patrón fuera a ver al profeta Eliseo, que vive en Samaria, se sanaría de la lepra!».Pero llegó a oídos del enfermo quien en su lecho sólo tenía esta última oportunidad. Emprende el viaje, y luego de varios acontecimientos, su piel termina como la de un niño.

Sin importar la circunstancia en la que estemos, no podemos olvidar quién ha hecho todo por nosotros, quién dio su vida en la cruz, quien dejó la tumba vacía, quién nos amó con amor eterno. Quienes nos rodean viven una vida de pecado, alejados de Dios, la lepra les deja sin esperanza. Tú y yo, al igual que la joven extranjera, no podemos olvidar nuestra naturaleza ni el poder de nuestro Dios. Tenemos un mensaje transformador.

Te invitamos a estudiar la Palabra de Dios. Anunciar a otros la verdad del evangelio no solo es una gran comisión, sino es una bendición.

Con este número damos inicio a una nueva serie titulada Piedras Preciosas. En las próximas entregas haremos un viaje maravilloso que nos llevará a aprender verdades profundas que edificarán nuestra vida.




Aún estando lejos de su casa, la protagonista de esta historia nunca olvidó quién era su Dios, qué hacía su Dios, y lo anunció cuando tuvo oportunidad. Su mensaje ayudó a aliviar la aflicción y el dolor de un hombre. Dios ha hecho un milagro maravilloso en nuestra vida: nos ha salvado. ¿Anuncias a Cristo cuando tienes oportunidad? ¿Muestras a Dios en medio de tus acciones diarias? ¿Los demás saben que tienes un mensaje transformador para el mundo?