E Lecciones 3

Ese domingo cerca de 5.000 personas se dieron cita en la entrada del templo de su diosa. Su intención era rendirle adoración a la divinidad, pero con lo que no contaban es que ese día morirían 115 personas y otras 100 quedarían heridas luego de una estampida humana.

Ir a los templos a buscar a Dios ha sido una práctica milenaria. Los judíos convirtieron el templo de Jerusalén en un lugar de peregrinación; y los Samaritanos adoraban a Dios en el monte Gerizim.  Jehová comenzó a ser relacionado con lugares físicos, estáticos, y definidos.

En la conversación de Jesús con la mujer samaritana el tema central del diálogo se centró en el lugar donde se debe adorar a Dios, de alguna manera dando a entender que Dios habitaba un lugar, o peor aún, que era un lugar. Jesús le dice: “Ha llegado el momento de adorar al Padre sin importar el lugar, porque Dios es Espíritu”.

La revelación de Jesús a la mujer es trascendental. Por un lado le dice que Dios no tiene una forma corporal, definida, y visible;  por otro lado le dice que Dios, por ser Espíritu, no está limitado a un espacio o a un lugar.  La adoración a Dios no debe limitarse a un templo o a un monte.

Dado que Dios es Espíritu puede llenar nuestro corazón. El día de Pentecostés 120 personas que habían creído el evangelio predicado por Jesús estaban en el aposento  alto cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo. Ese día fue la primera vez que experimentaron la presencia de Dios en su vida, experiencia que se sigue repitiendo hasta el día de hoy.

Dios es Espíritu significa que no tiene una forma, no habita un único lugar, no tiene medidas, ni tiempos. Por ser espíritu, le puedes adorar en cualquier lugar: desde la última silla del templo, desde el borde de la cama, desde el bus al trabajo, desde la oficina, desde la universidad.  Dios está en todo lugar. Él puede habitar tu corazón.

Te invitamos a leer las siguientes citas en donde podrás encontrar más apoyo para continuar con el estudio bíblico.

  • Juan 4:1-42.
  • Génesis 1:2.
  • Salmo 139:7
  • Hageo 2:5
  • Hechos 2:1-4
  • 1 Timoteo 1:17

En la entrega anterior aprendimos que Dios es eterno, no tiene principio ni tiene fin . Te invitamos a seguir nuestro estudio. Para la próxima entrega estaremos hablando sobre la inmutabilidad de Dios.

Muchas personas siguen buscando a Dios en los templos. En su búsqueda, pierden hasta la vida, aunque Dios da vida eterna. Su amor es tan grande que entra en nuestras vidas de manera que nos convertimos en templos de Dios.

¿Vive Dios en tu vida? ¿Vives una vida cristiana que le da la gloria a Dios  que está en todo lugar? ¿Confías en Dios de tal manera que vives una vida de tranquilidad porque sabes que él está  en tú corazón?

Te invitamos a hacer una oración a Dios. Abre tu corazón para que Dios habite en tu corazón. Tu vida no será la misma.

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