E Lecciones 051

Sus mamás se lo habían dicho y ellos lo creían: ese que ustedes han visto en las calles, ese que ha estado sanando a los enfermos y que resucitó al hermano de nuestra vecina, ese es el Mesías que estábamos esperando. No importa que nos hayan amenazado con expulsarnos  si confesamos que él es el Cristo, que nos expulsen, él es el Cristo.

Y esos muchachos habían escuchado con atención lo que sus mamás les decían. Otros podrían decir que no,  que Jesús no era Dios, pero lo que decía mamá eso valía, y  era lo que creían. Era lo que hablaban con sus amigos y todos ellos también creían.

Llegado el gran día, la expectativa era muy grande, el corazón se les quería salir y se secreteaban unos muchachos a otros porque se sabía que Jesús entraría a la ciudad. Habían acordado que el que primero se enterara se lo contaría a los demás así estarían pendientes de cada movimiento que hiciera el Señor. Él, el Mesías,  iba a entrar a Jerusalén y lo iban a celebrar en grande.

Tenían listos los mejores mantos, para eso sí le pidieron autorización y colaboración a las mamás, se habían puesto de acuerdo de qué iban a gritar a la entrada del gran campeón.

Todas las enseñanzas que les habían dado habían cobrado vida, les hervía  el corazón, de verdad, les iba a explotar.

Algunos de ellos ya habían rendido cuenta de lo que sabían de la ley de Dios allá en el templo. Pero todos sabían que había uno como ellos  que rindió esa lección con el mayor honor que jamás nadie había podido. Un muchacho les había dado la lección a todos los  doctores. Por eso y por mucho más había que salir a celebrar a Jesús.

Llegó el momento, alguien avisó: llegó, y todos salieron corriendo con los bellos mantos y la canción ensayada ahí fuerte en la cabeza, lista para cantarla a pulmón entero. A lo que más diera, ¡a correr! Llegando le ven: en ese burrito, esa asna, la multitud al lado.  Y el grito que sale y llena el alma y llena todo, y los amigos saltan y cantan:

¡Hosanna al hijo de David!

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

¡Hosanna en las alturas!

Mientras avanzan Jesús obra. La garganta está enronquecida, pero la  alegría es tremenda. Jamás se olvidaría esa experiencia.

De nuevo los envidiosos protestan. No importa se ha celebrado al Señor.


Te  invitamos a  sintonizar tu espíritu con el de Dios, él te puede explicar lo que lees

  • Mateo 21: 9-16
  • Marcos 11: 9-12
  • Salmo  8:2
  • Isaías 43:21
  • Salmo 81
  • Apocalipsis 15:3

Como niños. Ha sido este recorrido por donde hemos aprendido de Jesús. ¡qué bonito es aprender de él!  Gracias por esta oportunidad, la oportunidad de disfrutar al lado del maestro como niños.

Así como esos muchachos escucharon en sus casas a sus madres, y creyeron y se pusieron de acuerdo para celebrar al campeón del universo, adoremos a Jesús con toda la fuerza, así como esos muchachos. Un culto vivo para un Dios vivo. !Alabado sea Jesús!  

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