E Lecciones 039

Hay encuentros que nos cambian la vida, y no solo la nuestra sino la de todo un pueblo. Isaías se encontró con Dios, y su vida cambió para siempre. Y la nuestra también.

Algunos dicen que era muy joven, 20 años tal vez. Había sido cercano al rey Uzías, pero éste había muerto, y su partida no solo afectó el presente inmediato del profeta sino el presente del pueblo quien poco a poco se había alejado del Dios.

El panorama no podía ser más oscuro. El pueblo lejos de Dios, los enemigos levantándose para invadirlos, y sin rey dado que había muerto. Pero es en la oscuridad que la luz brilla con más intensidad.

En palabras de Isaías: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo”. Lo que vieron sus ojos no es otra cosa que el poder y la majestad del Rey de reyes.

Su vida cambió para siempre. El resto de sus años los invirtió en servir a quien se había encontrado. El Señor había dicho: ¿A quién enviaré? a lo que Isaías había respondido: Heme aquí, envíame a mí.

Este es un encuentro que cambia la vida. No hay nadie que haya tenido una experiencia personal con Dios que su vida no hubiese cambiado. El testimonio de Isaías es solo uno de tantos casos en los que la presencia de Dios lo cambia todo.

Pero el cambio no lo vivió solo Isaías. El mensaje dado por Dios, luego de su encuentro, abrió las puertas a una esperanza de salvación para Israel, y por su misericordia para nosotros:

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos…

La vida corre tan deprisa que no alcanzamos a verla y nos queda solo el leve recuerdo de lo que fue y ya no es. La única salida de transformación está en Cristo. No hay una vida que lo haya encontrado y siga igual. Su poder, su majestad, y sus palabras salvan.

La lectura de la palabra de Dios puede ayudarte a encontrarte con él de tal manera que tu vida no será la misma. Te invitamos a estudiar estos pasajes bíblicos.

El encuentro de Dios con Isaías cambió su vida, y la de su pueblo. Su profecía se cumpliría 750 años después. Entonces Dios, hecho carne, habitaría entre ellos. No te pierdas la siguiente entrega de la serie: Habitó entre nosotros.

Si te miras al espejo y sientes que tu vida no tiene un rumbo fijo y que no hay nada claro más adelante, no estás solo. Isaías sintió lo mismo que tú, y en el templo tuvo un encuentro personal con Dios que cambió su vida. Aún puedes encontrarte con Dios. Tu vida cambiará.


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