E Lecciones 038

El anciano Abraham estaba bajo un encinar. La encina es el árbol más representativo en el Mediterráneo para dar sombra, era pleno mediodía. El calor no dejaba hacer nada, solo se podía esperar bajo los árboles.

Mientras esperaba a la puerta de su tienda, había tres hombres erguidos delante suyo. Abraham reconoció quien llegaba a su tienda y por eso se postró a tierra. ¿Que no se puede hacer nada? Claro que se puede.

Abraham rogó: Señor no te vayas, no pases de largo; se traerá agua, se les lavarán los pies como debe hacerse en honor a los huéspedes en estas tierras; recuéstense bajo el árbol, bajo la sombra y por favor tomen este trozo de pan mientras tanto. El Señor le contestó: haz lo que dijiste.

El anciano entró corriendo a donde su esposa y dio instrucciones precisas para la atención de los huéspedes, pero se encargó, él mismo, de elegir un becerro tierno y bueno para prepararlo. Solo había ofrecido agua pero no, también ofreció leche y cuajada a los tres varones mientras esperaban a que llegara el almuerzo.

Durante la espera hablaban los cuatro, aunque Sara estaba detrás de la puerta prestando atención a lo que dijeran. ¿Dónde está tu mujer Sara? preguntaron, y él respondió que en la tienda; y como ocurre que el Señor es generoso con nosotros cuando entra en nuestra casa y habita con nosotros aunque sea un poquito, mientras ella preparaba el almuerzo, el varón le dijo a Abraham: dentro de nueve meses tu mujer tendrá un hijo.

Sara seguía espiando la conversación pero no se rió duro para que no la descubrieran. ¿Cómo iban a tener un hijo si ella ya había tenido la menopausia y Abraham ya estaba viejo?

Entonces el Señor dijo ¿Por qué se ha reído Sara? ¿Acaso hay algo imposible para Dios? Sara, seguramente, salió de su escondite y con miedo insistió diciendo que no se había reído. Pero Dios cumplió y le regaló su hijo, en el tiempo que dijo y como lo había prometido el día que habitó por unas horas en la tienda de Abraham.

¿Qué tal si te das cuenta de que Dios está en tu casa? Si lo piensas bien el calor del día moderno es sofocante, lo único realmente importante es verle erguido enfrente tuyo. Puedes empezar ofreciendo algo sencillo, un poco de tiempo para escucharle por ejemplo, y tan pronto él esté contigo puedes esmerarte en entregarle todo lo mejor. Él merece aún más.

Te invitamos a leer los siguientes textos relacionados con el hecho de que Dios habita con nosotros

Estamos iniciando una nueva temporada de e-lecciones, en ésta oportunidad la serie se titula Habitó entre nosotros. Nuestra oración es que él, nuestro Señor Jesucristo, habite por la fe en nuestros corazones.

Dios nuestro, es un honor maravilloso poder tener tu nombre en nuestras vidas, sé tú el Señor de nuestras almas. Entra y mora, comamos juntos porque el calor del día sofoca y tú eres el huésped de honor.

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