E Lecciones 034

Ocurrió en la ciudad que hoy se conoce como Sarafand, en Líbano.   Habían transcurrido muchos días sin que lloviera por lo que el alimento escaseaba  y en la casa de aquella mujer viuda y su hijo no quedaba más que un puñado de harina y un poco de aceite.

Una madre no puede estar quieta, así que sin  pesar en  debilidad o en  desesperanza, salió a buscar un par de  palos para hacer fuego y preparar esa última ración de alimento.

Cuando salió  a recoger la leña, un hombre extranjero  de aspecto un poco extraño la llamaba y le pedía agua. Entonces ella le explicó que no tenía sino esa última ración de alimento, que la iba a preparar para  luego morir junto a su hijo.

Entonces el hombre de Dios le dijo: No temas, haz como has dicho pero hazme primero una pequeña torta. Dijo, además, lo que Dios había declarado acerca de ella:

 El cántaro de harina no quedará vacío,

la aceitera de aceite no se agotará

hasta el día en que el Señor conceda

lluvia sobre la superficie de la tierra.

Mientras la mujer sostenía  los palos en la mano y escuchaba estas palabras, no tuvo necesidad de pensar mucho; sus sentidos y su entendimiento estaban despiertos, más que nunca, para aprovechar la buena noticia, y sin perder tiempo entró a la casa a preparar la torta para el hombre, para Elías.

Por mucho tiempo hubo alimento para la viuda y su familia, Dios cumplió su palabra.

En medio de un mundo que se destroza, en el que no basta con que hagamos lo que podemos porque no es  suficiente, hay un hombre de Dios que llega a nuestra puerta aunque hubiera podido llegar a muchas otras, hay una voz de Dios que declara una buena noticia a nuestra vida:   Jesús es el pan de Dios que descendió del cielo y  el creerle nos da esperanza a nosotros, a nuestros hijos, y a nuestras familias.

Te invitamos a dedicar tiempo para recibir  la palabra  de Dios, que luego puedas hacerla


Esta serie de escritos trata de héroes de la fe. Haremos cinco entregas de las que ésta es la segunda.  Te invitamos a acompañarnos reflexionando  cómo imitar en la fe a aquellos que permitieron que la salvación de Dios fuera un hecho en sus vidas.

Hay un tiempo de actuar, se presentan instantes  en los que se requieren decisiones rápidas para aprovechar oportunidades que nunca se repetirán.  Éste es el momento en el que al escuchar de Dios la voz que nos trae la buena noticia, vale la pena imitar la fe de la viuda de Sarepta para decidir rápido y bien.

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