E Lecciones 020


En la época de Jesús había personas que se creían muy buenas y que despreciaban a los demás, nada distante a nuestra época actual. Eran esas personas que constantemente miraban otras, las calificaban como malas, y a continuación decían: menos mal yo no soy así. A ese tipo de personas Jesús les contó una parábola:

Dos hombres fueron al templo a hablar con Dios. El primero era un religioso de toda la vida, el segundo era un reconocido pecador.

El primero entró por la mitad del templo, y puesto en pie oró así: Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones, malvados, engañan a sus esposas. Miró al segundo hombre y dijo: ¡Tampoco soy como ese pecador que está allà!


Yo ayuno dos veces a la semana, y siempre doy el diezmo.

El segundo hombre, tuvo una actitud distinta. Él entró al templo y se quedó en la parte de atrás. Tenía la cabeza inclinada, se golpeaba el pecho, y decía: Dios, ten compasión de mí. Perdóname por todo lo que hecho.

Jesús terminó de contar la parábola y les dijo a aquellos hombres: el segundo hombre, el pecador, cuando regresó a su casa, Dios ya la había perdonado. Pero al primer hombre, Dios no lo perdonó.

El perdón de Dios no se recibe por las acciones buenas que hacemos, tampoco lo reciben los que se creen mejores que los demás; éstos son los menos valiosos para Dios. En cambio los más importantes para Dios son los humildes. Quienes escuchaban a Jesús aprendieron que una actitud humilde agrada más que muchos actos bondadosos. ¿Vive la humildad en tu corazón?




Te invitamos a estudiar la Biblia. En ella encontrarás verdades que transformarán tu vida:




Estamos desarrollando la serie: Enseñaba por parábolas. Jesús como maestro enseñó grandes verdades por medio de ejemplos. Los principios enseñados por Jesús son vigentes hoy para nuestra vida, nos presentan retos, nos invitan a crecer como hijos de Dios.



Si has leído esta reflexión y has pensado en alguien porque es orgulloso, es una señal de que tu también dices: Yo no soy así. Hoy Jesús nos cuenta la misma parábola. Son los humildes los que encuentran un lugar en el corazón de Dios. Las acciones buenas nunca te darán el perdón de Dios porque su perdón es un regalo para los humildes, para aquellos que reconocen que son pecadores y que lo que tienen es solo por gracia de Dios.


Versión para descargar / Regresar